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EN ES

San Ignacio

Arte Antiguo en la Sierra, Palmeras en el Oasis

Baja California Sur — Patrimonio UNESCO y Pinturas Rupestres

Diez Mil Anos de Historias en la Piedra

Las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco se encuentran entre los ejemplos mas significativos de arte rupestre prehistorico en las Americas, y llegar a ellas requiere compromiso. Desde el somnoliento pueblo oasis de San Ignacio, el viaje implica un trayecto sacudidor por un camino de tierra sierra arriba, seguido de un recorrido en mula hacia el fondo de una serie de canones profundos. El esfuerzo se recompensa con algo que te detiene en seco: murales masivos pintados en los techos y paredes de refugios rocosos, representando humanos, venados, borregos cimarrones, ballenas, peces y formas abstractas en llamativos rojos, negros y ocres. Algunas de estas pinturas tienen mas de 7,500 anos de antiguedad. De pie bajo ellas, con el cuello inclinado hacia atras, sientes el peso de ese lapso de tiempo de una manera que ningun museo puede replicar. Fueron pintadas por personas cuyos nombres e idioma se han perdido en la historia, y sin embargo su arte perdura, vivido e inmediato.

La designacion como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, otorgada en 1993, ha ayudado a proteger los sitios manteniendolos accesibles a traves de un sistema de permisos cuidadosamente administrado. Guias locales de las comunidades ejidales dirigen todas las excursiones, y su conocimiento de los senderos del canon, los sitios de pintura y la ecologia de la sierra es enciclopedico. Mi guia, un hombre llamado Alejandro cuya familia ha vivido en la region por generaciones, senalo detalles que yo habria pasado por alto completamente: una figura pintada con los brazos levantados en lo que podria ser una postura ritual, un grupo de peces que podria representar una migracion estacional, las sutiles capas que sugieren que algunos murales fueron repintados a lo largo de siglos.

De vuelta en San Ignacio propiamente dicho, la plaza del pueblo es una de las mas agradables de toda Baja. Un denso dosel de laureles de la India sombrea la plaza, y en su centro se encuentra la Mision de San Ignacio Kadakaaman, construida en 1728 por jesuitas y posteriormente completada por dominicos. Sus muros de piedra volcanica de un metro de espesor mantienen el interior fresco incluso en el abrasador calor del verano. Las palmeras datileras abarrotan el arroyo, sus frondas susurrando con la brisa que se canaliza por el canon. Es un pueblo que parece curado por el tiempo mismo — pequeno, sin prisa, y completamente seguro de su propia importancia.

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