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Santa Rosalia

Un Pueblo Minero Frances en el Mar de Cortes

Baja California Sur — Historia y Arquitectura

Hierro, Cobre y Baguettes en el Desierto

Santa Rosalia es el tipo de lugar que te hace cuestionar tu sentido de la geografia. Enclavado en un estrecho arroyo entre mesetas color oxido en la costa oriental de la peninsula de Baja, este pequeno pueblo portuario no se parece ni se siente como el resto de Mexico. Las casas con estructura de madera y amplias verandas, las calles en cuadricula y el inconfundible aroma de pan recien horneado se remontan a una empresa minera francesa, El Boleo, que establecio una operacion de mineria de cobre aqui en la decada de 1880. Durante decadas, la empresa esencialmente administro el pueblo como un puesto colonial, importando todo, desde edificios prefabricados hasta panaderos de Francia.

La joya de la corona es la Iglesia de Santa Barbara, una iglesia prefabricada de hierro atribuida al taller de Gustave Eiffel — si, el mismo Eiffel que construyo la torre. La historia cuenta que la iglesia fue disenada como prototipo para la Exposicion Universal de Paris de 1889 y posteriormente enviada en piezas a este remoto pueblo desertico, donde fue reensamblada tornillo por tornillo. Ya sea que la atribucion a Eiffel sea completamente precisa o parcialmente leyenda, la iglesia es genuinamente notable: sus paneles de hierro galvanizado brillan con la luz de la tarde, y entrar se siente como ingresar a un invernadero, con las paredes metalicas amplificando cada susurro y cada paso.

Las panaderias son la otra revelacion. La Panaderia El Boleo y sus vecinas producen baguettes, pan dulce y empanadas que estarian a la altura de cualquier pueblo frances. Compre una baguette aun tibia y una taza de cafe fuerte y desayune en el malecon, observando las pangas de pesca mecerse en el puerto contra un telon de fondo de escarpadas montanas deserticas. Las minas de cobre estan en gran parte agotadas ahora, aunque ha habido intentos periodicos de reiniciar las operaciones. El pueblo se siente suspendido entre su pasado industrial y un futuro incierto, sostenido por el pan, la terquedad y la dignidad peculiar de un lugar que se niega a ser ordinario.

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